Finalmente

Mi cerebro es bastardo, low class, sofisticado a tropezones como el de cualquier aspirante a tipo culto de clase baja; lleno de agujeros semánticos, de vacíos académicos, sin guía, heterogéneo hasta la promiscuidad. No sirve realmente para algo, es una estructura amarrada con alambres y clavos chuecos, buscando la altura, equilibrándose en su precariedad mal construida donde me subo con un rifle; un producto aberrante, sin utilidad práctica, un golem armado con malos materiales y alguien manejándolo desde adentro con mucha dificultad. Porque debajo de todas las capas hay un trabajador analfabeto trozando madera a hachazos, todavía. Puros parches, puros alambritos, barnices escondiendo la madera picada y de mala calidad. Una farsa. La deformidad sorprendente del niño mal alimentado como producto final. Me voy a comer un completo, mejor.

imagen: Paulo Andreas Lorca