Bolshoe spasibo

(imagen del trabajador ®Vicente Larrea)

Desenfocados.cl

Fernándo Gálvez publicó una entrevista con la que me entretuve mucho.

Gracias a él y a Alejandro Lecaros (el master del ñoñolog y parte fundamental del nerd-set chilensis), por la deferencia.

Acá van algunas preguntas:

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14) ¿Cuál es tu método de trabajo?

JB: Soltar el caballo, tomarle fotografías, escuchar lo que murmura cuando duerme, tomar notas de sus ataques y moldes de sus huellas en el barro. Luego organizo el cúmulo de evidencia con sentido estético y algo de cerebro y miro la obra durante días. Después tomo cincel y lija. Meter cabeza lo más tarde posible.

15) ¿En que te inspiras a la hora de escribir?¿Tús viajes en motocicleta tienen algo de responsabilidad?

JB: La realidad es extrañísima. La moto es mi dosis de aventura diaria en una ciudad demasiado segura (aunque digan lo contrario). Mi monoplaza, la manera más parecida a volar, ser uno con la máquina. Muy parecido a un duelo con katanas, hay que ser frío, decidido y centrado en períodos cortos de tiempo y sin derecho al error; los locos se mueren.

16) ¿Qué has leído (libros, comic), escuchado, visto (serie de tv, peliculas) últimamente?

JB: Estoy leyendo HISTORIA DE LA CONCIENCIA, de Morris Berman, el último de su trilogía de la conciencia. Los anteriores: El Reencantamiento del Mundo y Cuerpo y Espíritu, simplemente formaron en tremenda medida mi manera de pensar.

Leo B.P.R.D, un comic escrito por Mignola pero dibujado por otros. Es simplemente alucinante. Si Borges es mi escritor, Mignola es mi dealer de comic-drug.

En series estoy riéndome de los ñoños de Big Bang Theory, nada como burlarse de uno mismo y de los amigos.

El cine está de lo más fome que hay, prefiero bajar películas coreanas o japos y ver algo de riesgo, algo de relatos políticamente incorrectos, locuras y asaltos a la razón liberadores. Lo Occi está atrapado en sus esquemas de modos penosos.

17) ¿Cómo ves el escenario creativo chileno en el género de scifi?¿Crees que eres, junto a otros autores, responsable de abrir una brecha que siempre estuvo ahí y que nadie se había atrevido a mostrar o crees que has sido designado/bendecido para ser el autor correcto en el momento correcto?

JB: Creo que YGDRASIL fue la bomba que se necesitaba para echar abajo la represa que contenía el imaginario nacional. No habría sido posible con una obra más tibia. Detrás vienen todos, incluído yo.

Hay una batería de gente haciendo cosas en diferentes ámbitos. En literatura sin duda que están Mike Wilson, Pancho Ortega, Alvaro Bisama, Sergio Amira, Sergio Meier, Pato Jara, Alberto Rojas, Francisca Solar y otros inéditos aún. Lo que hay que conseguir es una batería de voces propias con calidad literaria y estaremos listos para comernos el mundo.

EL RESTO DE LA ENTREVISTA AQUI

SYNCO en “el Página”

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Gracias a Juan Carlos Ramírez Figueroa, SYNCO cruzó la cordillera y fue considerado digno de aparecer en el PAGINA 12  …XD XD XD.

Si bien en un arranque de sincronía notable mi apellido derivó en un inexplicable “Jorge BENDIT”, como el apellido de ese otro revuelve gallineros de fines de los ’60, Danny el Rojo, la reseña surfea por el libro con agrado y complacencia. Parece que el amigo Martín Pérez lo disfrutó. Me doy por pagado con eso y  agradezco muchísimo sus palabras, aunque no se libera de prejuicios y acusa a la novela de “indudablemente reaccionaria”. En fin, seguimos en la misma tontera, todos hablan por la herida y parece que me tengo que acostumbrar a ser filonazi-promarxista, dependiendo de quién reseñe.

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Las dos caras de La Moneda

El Extranjero > Pudo haber sido de culto, y sin embargo, SYNCO (Ed. B), novela de ciencia ficción de Jorge Bendit en la que Pinochet evita el golpe contra Allende, se transformó en el éxito del 2008 en Chile. Y ahora su autor es acusado de filonazi.

Por Martín Pérez

“¡Cagó el golpe!”, asegura el coloquial y contundente título principal de la portada del diario chileno Clarín, fechado el 11 de septiembre de 1973. Arriba de la contundente frase tamaño catástrofe, siempre a tono con la raigambre popular del matutino, aparece una volanta llena de admiración: “¡Chitas que es pulento el general Pinochet!”. Por debajo, otro título en el mismo estilo completa la información: “¡Merino y toda la marina golpista derechito al paredón del pueblo!”. Semejante ejemplar nunca existió en el mundo real, no sólo porque aquel sangriento golpe logró su cometido sino que también porque luego de su éxito las títulos populistas del diario Clarín –y todos los demás, salvo los tan cómplices de El Mercurio– dejaron de aparecer en los quioscos trasandinos. Pero por eso mismo es que en las primeras páginas de Synco aparece la reconstrucción de la tapa de un diario que nunca salió, contando esa noticia que nunca fue: el golpe de estado contra Allende fracasó, y que en contra del mismo se puso el mismísimo Augusto Pinochet. Porque es la forma más contundente con la que el escritor chileno Jorge Bendit puede empezar a desplegar la trama de su polémica segunda novela de ciencia ficción, una ucronía que se transformó en libro del año 2008 del otro lado de la cordillera.

En realidad, en el centro de Synco está, justamente, el experimento que bautiza la novela: un olvidado proyecto cibernético del visionario británico Stafford Beer que Allende autorizó justo antes del golpe. Aquella primitiva red informática que debía poner bajo un mismo comando la fuerza productiva chilena (casi una arcaica versión de internet), es el eje sobre el cual gira toda la imaginería de la novela de Bendit, una fantasía retrofuturista ambientada en un 1979 donde el golpe no tuvo lugar y un venerado Allende esta a punto de ser reelecto como presidente. Ese es el escenario al que se asoma Martina Aguablanca, la protagonista, una chilena hija del exilio que es enviada a Santiago por el gobierno de Venezuela, para intentar averiguar cómo es que el gobierno de Allende logró impedir el golpe. Y, de paso, cambiar la historia.

Porque el drama histórico chileno aquí se reescribe como farsa política (o más bien parodia). Y entonces cada aparición (o mención) que va desde Aylwin a Bachelet, parece tener ese objetivo en sí mismo, apenas el de aparecer en el texto. Como parte de la coreografía que acompaña al gran travestido de su historia: ese Pinochet que defiende a Allende en vez de ponerse al frente del golpe. Eso sí, hay que destacarlo: por cada vez que Bendit se enreda en los detalles de su reescritura de la historia también puede llegar a fascinar con la descripción de escenas increíblemente vívidas. Tanto a la hora de describir brutalmente todo el infierno que hay que convocar para que sea posible algo como Synco, hasta el momento en que entra en escena la gran invención de la novela: un increíble Carlos Altamirano, otrora líder del Partido Socialista de Chile que supo correr al gobierno de Allende por izquierda antes del golpe, que aquí es descripto como “un hombre mutilado, quemada la mitad de su cuerpo, suspendido por cuerdas y poleas, conectado a ruidosas máquinas de madera y acero, con cerdos sedados colgando de ganchos de carnicero, filtrando sangre y nutrientes que avanzan por gruesas mangueras transparentes”.

Gracias a una campaña promocional digna de una película, la edición de Synco se convirtió en uno de los eventos culturales del fin de año pasado en Chile. Las reseñas de los medios más importantes subrayaron el carácter filonazi de muchos de los divagues que Bendit pone en boca del conocido delirante Miguel Serrano, devenido aquí en canciller. También es cierto que semejantes peroratas tienen un lugar casi tan protagónico en su inquietante pero indudablemente reaccionaria novela como el proyecto de Synco. Y que al grito de “¡Ciberbolivarismo, compañeros!”, el sueño setentista deviene en pesadilla sin necesidad de botas ni golpes. “No le tengo fe al poder”, explicó Bendit en una entrevista. “El territorio chileno pedía sangre durante los ’70. De alguna manera, la historia habría cantado la misma canción con diferentes intérpretes”.

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