Colegio Altamira


En la foto con Miguel Ferrada, vocero autorizado del Dr. Mortis en nuestro plano de realidad. Invitados por José Luis Flores, autor de Alicia, La niña vampiro, a hablar de mundos que no son éste: Ygdrasil, Humand Kind, Dr. Mortis, etc. La pasamos muy bien y pudimos conversar con pendejos claramente mutantes. Un gusto.

Universidad Mayor


Con Mike Wilson, autor de EL PUGIL, invitados por la Universidad Mayor para hablar de ciencia ficción nacional del Púgil, del fándom, de ucronías, de Cajas Negras, Números Kaifman, Identidades suspendidas, Segundas Enciclopedias, Alucinaciones, Años Luz, etc, en fin, de la nueva ola de irrealidad que un grupo de dementes chilenos está derramando sobre el territorio. Lo pasamos chancho y hubo cóctel.
:)

Ciegos


-¿Todavía no tenemos noticias desde las bases en la Antártica?
-No, se cortaron las comunicaciones hace un par de horas. No saben lo que está ocurriendo acá.
-¿Y sabemos nosotros qué está ocurriendo acá?
-Un golpe de estado o una invasión extranjera, soviética quizá…o norteamericana. El mejor escenario dice que es un desperfecto en SYNCO y que está simulando una emergencia militar.
-¿Una máquina con alucinaciones?
-No lo sabemos, Serrano dijo que desde que pusieron a funcionar el huso central a 44 volts, las posibilidades de que SYNCO comenzara a operar como un iluminado se cuadruplicaban, entonces…
-¡Me vuelves a mencionar a ese desquiciado y te tiro por la ventana!
-El canciller no responde. El armamento que guardaba en su bodega tampoco está. Falta uno de los Haunebu en los hangares subterráneos de Cerrillos. Creemos que va en dirección sur.
-No me interesa, ¿pudimos restablecer contacto con el resto del país?
-Seguimos esperando a que las líneas se despejen, incluso las radios de onda corta están saturadas de algo raro.
-Algo me dice que me va a molestar, pero ¿algo raro?
-El padrenuestro. Todas las frecuencias rezan el padrenuestro en voces fabricadas con su propia estática, no hemos podido penetrar más allá.
-Por dios.
-Estamos ciegos hace horas. Nadie sabe a quién dispararle…
-¡No hay obligación de dispararle a alguien, imbécil!…perdón- se restregó los ojos con el dorso de ambas manos –Se supone que somos el enlace de comunicaciones de emergencia y ni siquiera sabemos lo que pasa a dos metros de acá.
-No se preocupe, estamos todos nerviosos.
-¿Hay algo en los radares kirlian? ¿Algun ser vivo o muerto circulando en la frontera de la cordillera?
-Nada.
-¿Algún mensaje desde las bases submarinas frente a Perú?
-Nada.
-¿Algún rastro de los ejércitos dormidos enterrados en la frontera con Bolivia?
-Nada.
-¿Noticias de la presidencia?
-Estamos completamente aislados, alguien dice que hay tropas moviéndose hacia el centro, que han habido enfrentamientos, pero pueden ser rumores. Nadie sabe nada del compañero presidente o de su comitiva.

EL PUGIL


En la foto la mafia ucronista, Francisco Ortega, Alvaro Bisama, Baradit y Mike Wilson.
El martes 15 de abril de 2008, Mike Wilson lanzó su novela El Púgil, drama escrito desde el borde del milenio, como recogiendo los escombros de la cultura para armarse un muro propio, fabricado por acumulación en base a fragmentos de memoria propia y colectiva (que a estas alturas está viniendo a ser lo mismo).

Punto aparte merece la frase de Edmundo Paz Soldán, marcada en negritas para nuestro placer XD

Qué dijeron de El Púgil?

“¿SUEÑAN LAS OVEJAS ELÉCTRICAS CON ANDROIDES? En esta novela vertiginosa, llena de guiños al Pinocho futurista de Spielberg, a Kubrick, Asimov y El Eternauta, Mike Wilson ya no se pregunta si se puede distinguir entre ser humano y cyborg; en El púgil, esa distinción es irrelevante. La mejor ciencia ficción en castellano se está escribiendo hoy en Chile, y Mike Wilson es uno de sus nombres fundamentales”.

EDMUNDO PAZ SOLDÁN—PALACIO QUEMADO

“HAY ALGO QUE PERTURBA EN EL PÚGIL: tras su piel de low tech y sus citas al imaginario pop de Richard Kelly o Rod Serling, brilla acá la nostalgia de una épica rota. Mike Wilson escribe sobre un presente imposible donde concurre el escombro cyberpunk y la melancolía, la dérive situacionista y el espesor catódico de aquellas imágenes pavorosas o milagrosas de la infancia que nunca pudimos abandonar”.

ÁLVARO BISAMA—CAJA NEGRA

“MIKE WILSON INDUCE A LA COLISIÓN LA REALIDAD, la cita y la memoria para fabricar, en la lógica de la acumulación y el estrato, una especie de derrumbe por sobrecarga en la mente del lector, cómplice y víctima de una overdose o cargas de profundidad a lo más profundo de nuestro inconsciente pop colectivo. Esa sensación exquisita y un tanto sicótica de cerrar el libro y no saber si lo cerraste realmente o si lo que tienes en la mano no es más que un atado de viejas fotografías que simulan ser un recuerdo en la cabeza de alguien más”.

JORGE BARADIT—YGDRASIL

“EL PÚGIL ES UN DRAMA RETROFUTURISTA. Una historia del fin del mundo en el fin del mundo. Hay literatura, hay cine, hay cómic, hay realidad, hay fantasía, hay ciencia ficción, hay un pastiche post todo… Y hay un Buenos Aires aterradoramente parecido al de Oesterheld. Mike Wilson escribió una novela que es al mismo tiempo una enciclopedia pop… de ese pop que es parte del disco duro de la humanidad del siglo XX, XXI, XXII y lo que siga…”

FRANCISCO ORTEGA—EL NÚMERO KAIFMAN

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El mutilado


Cinco menores de edad armados los empujan hacia afuera conduciéndolos hacia la parte de atrás del camión. El cielo de Santiago está de un gris ceniza, como los recuerdos a través del humo y las pantallas en blanco y negro, como las fotos ennegrecidas por la sobreexposición, la saturación catódica y la estática de radios muertas. La señal muerta es el síntoma de un país en coma, suspendido de su propia existencia, soñando sus pesadillas con electrocardiograma plano, repasando los videos mal copiados y los recuerdos en cintas piratas traficadas por dealers de la memoria. Un país en estado catatónico. Sólo estos personajes subiendo a un camión negro en medio de la mañana. Unas cuadras más allá no hay nada. Adentro del camión parece estar todo lo que queda del país. Un hombre medio quemado, mutilado, suspendido por cuerdas y poleas en el centro del cubículo, conectado a máquinas ruidosas de madera y acero, humeantes. Animales sedados colgando de ganchos de carnicero más atrás, filtrando su sangre y sus nutrientes que avanzan por gruesas mangueras transparentes entrando y saliendo del despojo que sonríe.
-Hola Augusto.

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