Bisama / Ygdrasil


Hoy 3 de diciembre, Alvaro Bisama se mandó un texto de antología sobre YGDRASIL.
El paisaje de fondo fue nada menos que El Mercurio, lo que nos hace preguntar si el accidente vascular del general tuvo alguna relación con el ph pronunciado de las palabras de nuestro amigote.

Ah!…Regale Ygdrasil esta navidad..regale las mejores pesadillas disponibles en el mercado, para el regalón o la regalona!!! ;-)

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Domingo 3 de diciembre de 2006

EL COMELIBROS
Nuevo

Por Álvaro Bisama

La verdad es que iba a escribir sobre Neal Stephenson, el autor del Cryptonomicon y su megalómano proyecto de relatar los orígenes de la ciencia moderna en una gigantesca novela-río llamada “El ciclo barroco”; pero no lo voy a hacer.

Hay una razón sencilla: con la nouvelle TRINIDAD, Jorge Baradit se acaba de ganar el UPC, uno de los premios más prestigiosos de la ciencia ficción en español. Me parece notable pero también absolutamente esperable. Hace más o menos un año, Ygdrasil, el primer libro de Baradit, irrumpía por medio de una mixtura increíble de pornografía sadomasoquista, chamanismo y cibercultura, proponiendo un cóctel anómalo tanto para la literatura local, como para el género desde donde parecía proceder.

Ojo: Ygdrasil les debía más a los videos de Nine Inch Nails y a la poesía de Miguel Serrano que a Hugo Correa, pero también edificaba un universo personalísimo que mezclaba temas como la reencarnación, el fetichismo y las imágenes de urbes al borde del colapso. Por supuesto, Ygdrasil introducía un tema de fondo: hasta qué punto era posible una literatura de ciencia ficción en Chile. La respuesta estaba en el mismo texto, que no le tenía miedo al cruce y a una aceleración que devenía en ruptura, mientras exhibía la búsqueda creciente de su propia escatología.

Porque Ygdrasil podía satisfacer las expectativas del fándom, pero también dialogaba con las obsesiones sobre la relación entre tecnología, novela y subdesarrollo de un Edmundo Paz Soldán, sugiriendo un debate sobre la segmentación de los géneros literarios en artes mayores o menores y escenificando aquella lucha entre guetos escriturales que Thomas Disch – autor de sci/fi, uno de los novelistas preferidos de Piglia- describió alguna vez así: “No podía luchar con Saul Bellow, ni con la gente del New Yorker. Nunca les he vendido nada. Tengo una teoría de clases aplicada a la literatura. Según ella, vengo del barrio equivocado para poder venderles a los del New Yorker. No importa lo bueno que sea como artista, siempre pueden oler de dónde procedo”.

Ygdrasil saltaba esa valla. Las respuestas superaban con creces su formato y más que preocuparse por los estancos clasificatorios – el cumplir con las reglas paracientíficas de lo “hard”, por ejemplo- , Baradit se mostraba más interesado en construir un universo a su medida. Así, al autor se le pueden adjudicar los mismos defectos o virtudes que a Stephenson, que se ha pasado los últimos diez años tramando un texto gigantesco que cubre los últimos cuatro siglos y que parodia o examina la historia de la modernidad: el borrar los límites clichés del género, probar con lo que se supone que no se debe hacer.

Porque da lo mismo la ciencia en la ciencia ficción. En serio. Warren Ellis, guionista de historietas, escribía en el postfacio de su Angel stomp future (un cómic/ensayo sobre cómo escribir historias futuristas): “Así es como escribo ciencia ficción. Uso el sonido de las ideas y me lo invento todo”. No es nada nuevo, pero la premisa funciona porque sintetiza aquella tradición – la de los autores de la “new wave” de los 60- que logró saltar del futuro militarizado de un Heinlein a las preguntas sobre el lenguaje de Joyce, con gente como J.G. Ballard, para quien siempre fue más interesante Roberto Matta que Isaac Asimov. O más productivo, en tanto modelo de una literatura de especulación, que, por cierto, siempre debería ser política o rozar lo político, al narrar desde un punto ciego de la vigilancia canónica. Un lugar – cada vez más urgente para la literatura local- donde se aniquila lo aprendido y se intenta forjar un imaginario necesario, explosivo y, por qué no, nuevo.

®El Mercurio, fuente aquí (disponible hasta el 9 de diciembre de 2006)

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