Fernando Bonsembiante

Un amigo argentino leyó Ygdrasil y me escribió para comentarla. Resultó ser un escritor transandino con varias ediciones en el cuerpo, un amigo del surrealismo y los saltos heurísticos.
Fué muy amable y escribió esta reseña:
“El Ygdrasil es una colmena fabricada
por abejas esquizofrénicas.
Es un constructo abominable que
ofende la vista de Dios.”
Jorge Baradit, Ygdrasil
Yo pensaba que el futuro de la ciencia ficción sudamericana pasaba por Gaut Vel Hartman, Alonso, o Gardini. ¡Gracias a Dios, estaba equivocado!. Pensaba que para leer la literatura que quería leer, la iba a tener que escribir yo. O morir de aburrimiento. En eso estaba, hasta que que conocí a través de la lista de correo de Samizdat al chileno Jorge Baradit. Según la solapa de su novela “Ygdrasil”, ´recorre Santiago de Chile en una moto, con las sinapsis sobrecalentadas´. Y se nota. A su vez, esas sinapsis están recorridas digitalmente por una extraña mezcla de ideas, religiones católicas y budistas, sangre, podredumbre, discos rígidos que contienen información de cómo encarnar almas en microprocesadores, seres insectoides que en realidad son enviados de Dios, y por lo tanto, ángeles, pero que no por eso dejan de ser crueles, si hace falta. Es un libro que sólo pudo ser escrito por alguien admirador del Anime, por ejemplo Evangelion, donde la sociedad secreta que lleva al mundo a su destrucción quiere “Devolver a los humanos a la forma que eran, mediante medidas iguales de muerte y oración”… Y si, hay mucha oración en este libro, no necesariamente dedicada a Dios, ya que Él está en coma. Y también mucha muerte, ese es el destino de cada personaje, apenas deja de ser necesario para el curso de los acontecimientos. Violencia, no hay tanta en un sentido ´norteamericano´ o Hollywoodense, de pegar en caliente, sino más bien hacer sufrir en frío, un estilo sádico de gozar con el sufrimiento innecesario. No alcanza con matar a la protagonista en el primer capítulo. Es mejor cortarla en pedazos, no lo suficiente como para que muera inmediatamente, mejor que tarde bastante, y ya que estamos, aprovechar para violarla por alguno de sus nuevos agujeros. Así, por supuesto, algún ángel que la necesite para sus oscuros propósitos, puede resucitarla más facilmente. Todo el mundo va a usar a Mariana, nuestra simpática, maternal y casi santa asesina, son todos egoistas menos ella.
¿Es un libro de ciencia ficción? Según la definición más aceptada, si, ya que fue editada por Ediciones B en su colección Nova, junto a Greg Bear, Neal Stephenson, o Isaac Asimov. Aunque queda la duda. Hay muchos elementos de tecnología digital. Por lo cual podríamos decir que es Cyberpunk. Hay tantos elementos religiosos como en una buena novela de Philip Dick. Hay tanta sangre como en una buena novela de Ballard (o de Sade). Ocurre en el futuro. Por lo tanto no quedarían dudas de que es ciencia ficción. Entonces, ¿por que la duda inicial? Cualquier lector fanático de la CF diría que es una novela atípica. Normalmente no se habla de chakras y kundalini en la ciencia ficción. Normalmente no se habla del plano astral. Eso no la hace una novela new-age, para nada. El hecho de que a la protagonista la acompañe a todos lados el fantasma de un soldado alemán, tampoco la convierte en una novela de terror.
Digamos entonces: es una novela de ciencia ficción con muchos elementos místicos, con una religión inventada por un sindicalista de la Chrysler, con el propósito aparente de oponerse al directorio de la empresa, pero con el objetivo de mantener a las masas domadas. Aunque tampoco esa es una descripción real de esta religión, y su profeta el Imbunche. Este ser altamente desagradable conduce su rebaño a la muerte, a una misión suicida que tiene poco sentido, hasta que conocemos el plan maestro que está atrás del directorio de la empresa, aunque… tampoco ese plan maestro es el verdadero, porque esta novela es un poco como una muñeca rusa, estructuras dentro de estructuras, significados dentro de significados, planes dentro de planes, una maraña donde todos usan egoistamente a todos, incluso el lector se puede sentir manipulado en algun momento.
En definitiva, pasan cosas todo el tiempo, hay mucha acción, y cada vez que pensamos que entendemos algo de lo que está pasando, Baradit nos sorprende con otra vuelta de tuerca más, otro retorcimiento de las cosas y de los significados. No en vano se dice admirador de Artaud. En conclusión, ¿les dice algo la palabra surrealismo?
Fernando Bonsembiante
sitio ubik
imagen ®chad michael ward
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One Response to “Fernando Bonsembiante”
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bonita reseña te han dedicado
espero que el ygdrasil crezca vigoroso fuera de nuestras fronteras
con tanto elogio, habrá una segunda novela?